
Saulo, quien más tarde fue llamado Pablo, nació en Tarso. La
familia de Saulo tenía recursos económicos y una muy buena posición, lo que le
permitió adquirir la ciudadanía romana, condición que no todos podían
disfrutar. En este contexto urbano fue criado Saulo.
Saulo se oponía ante los seguidores de Jesús ya que no
correspondía con el Mesías anunciado en las escrituras. Un día caminando hacia
Damasco, Saulo, tuvo un profundo encuentro con Jesús y se convierte.
Saulo, llamado ahora Pablo se convierte en uno de los más
fervientes apóstoles. Lo interesante era llevar el evangelio fuera de
Palestina, pues el cristianismo no podía ser reducido a una secta dentro
del judaísmo.
Pablo fue una figura clave en la expansión del cristianismo;
su propia educación y alto nivel cultural, puestos al servicio del evangelio le
permitieron implantar con fuerzas las primeras comunidades cristianas fuera de
Palestina, la pequeña región de la cual Jesús nunca salió.
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